Columnas de opinión

Ascensores de los cerros: un empinado viaje a su protección

Astrid Oyarzún

Les llamamos ascensores. De hecho, el clamor persistente de ASCENVAL por su mantención y recuperación, es: «Ascensores de los cerros para todos los porteños». Efectivamente, sólo el ascensor Polanco es verdaderamente un ascensor, y el resto serían funiculares, del latín funiculus que significa cuerda. En lo más básico de nuestra comprensión un carro tirado por una cuerda, más bien un cable, cuyo objetivo funcional era facilitar el tránsito de los porteños de la época, en un carro de madera de una pendiente a otra. Un sistema que transformó la movilidad en altura para los sectores populares, generando una identidad única en el modo de habitar porteño que hasta entonces lo hacía a pie o a tracción animal con burros o mulas. 

«no había calles entre unos cerros y otros antes de la construcción del Camino de Cintura a fines del siglo XIX. Hasta entonces sólo existían las angostas quebradas para subir y bajar. […] La quebrada no sólo era el camino, al mismo tiempo que el patio de juegos y lugar de encuentro de la vecindad, sino también que el basurero” (Urbina, X. (2011). Los conventillos de Valparaíso 1880-1920: fisonomía y percepción de una vivienda popular urbana. Ediciones Universitarias de Valparaíso. 

Este tipo de ingeniería, creada hace más de cien años, no sólo existe en nuestra ciudad sino que en muchas partes del mundo. El primero de ellos nace Lyon en 1861; en Valparaíso el ascensor Concepción hace 141 años y declarado Monumento Histórico hace 25 años; le sigue ascensor Cordillera nacido al interior del Hotel Continental, destruido por un incendio en 1884 y reconstruido el año 1897. Y el único ascensor que realmente tenemos acaba de cumplir 107 años y su declaración de Monumento Histórico es del año 1976: Ascensor Polanco.

30 ascensores forman parte de la historia de este patrimonio que se distribuyó en nuestro anfiteatro o alrededor de esa media luna, parecido a ese doble signo ortográfico que llamamos paréntesis, y que se abre para acotar que ya no son 30 sino 16 ascensores. Que ya no son todos municipales sino sólo 6 y 10 del gobierno regional; que de esos 16 no todos están funcionando; que más de alguno de estar en la categoría de cierre temporal pasará a la categoría de cierre permanente como lo anuncia el estado del ascensor Artillería que desde mayo del año 2021 se encuentra fuera de servicio. Un paréntesis que se abrió pero que no consigue cerrase para dejar de incluir acotaciones que van dando cuenta de la inminente desaparición de esta obra de transporte que logró con sus 30 ascensores activos, impulsar el desarrollo de la ciudad, el crecimiento demográfico, mejorar las condiciones de vida de los porteños, disfrutar de la convivencia y conexión entre cerros, convertir este sistema en un patrimonio, y generar una relación singular y plural en una ciudad que tiene plan y cerro. 

La imagen del ascensor Artillería en total abandono rodeada de una maleza que lo cubre hasta —quizás— no verlo más, es un ícono del deterioro permanente de Valparaíso, de su dejadez, de la falta de cuidado, interés y renuncia de las autoridades respecto de nuestros preciados bienes sociales, históricos, patrimoniales, arquitectónicos, urbanísticos, y de sus obligaciones para con ellos.

En 1919, La Unión informaba del «mal servicio» del funicular «Mariposa»: un hecho que se viene repitiendo casi diariamente: el ascensor nombrado empieza a funcionar, generalmente, después de las ocho de la mañana, con lo cual perjudica a los obreros que tienen que bajar a las fábricas, a los empleados que tienen que acudir a cumplir con sus labores, y a las personas que deben ir al cerro por cualquier razón». (El ascensor Mariposas, dejó de funcionar el año 2009 debido, supuestamente, a su falta de rentabilidad económica).

La historia se repite, pero se repite en ciertos sectores y en ciertos ascensores; no todos tienen la misma atención y asignación de recursos, no todos tienen prontitud en su mantención, no todos toman en cuenta los contextos poblacionales en los que este servicio es más o menos importante. ¿Es que la autoridad municipal y regional aún no es capaz social, técnica y políticamente de sortear las dificultades que implica el resguardo de este patrimonio en un solo proyecto que preserve y defienda, al menos la vida de los 16 ascensores que aún prestan servicios significativos en nuestra ciudad?

Nosotros, los habitantes de Valparaíso, vecinos y vecinas también seremos cómplices de esta desidia si nos mantenemos impávidos frente a la eventual desaparición de este transporte de movilidad vertical e inclinado, que pesar de todo, aún nos permite llegar a las alturas en menos de un minuto. Ascensores de los cerros para todos los vecinos.


 

Astrid Oyarzún
Movimiento Valparaíso Ciudadano
Comprometido con Valparaíso